Eres un maldito rompe-cabezas. Literalmente. Tú
eres mi problema sin solución. Cuando pienso en ti, siempre acabo con
dolor de cabeza. Pero eso me gusta. Me complicas la vida y amo la forma
en la que me apartas el pelo y disuelves todas mis ideas. Me pone cuando
te muerdes el labio. Y me muero cuando me miras de esa forma, que yo
sé, es jodidamente ilegal. Así que, déjame ser tu infinito, déjame ser
todas tus posibles soluciones. Vamos, chico, tú sabes, quiero resolverte todas las noches de mí vida.
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