Caminas
despacio, sin prisas, observando lo que hay a tu alrededor, de pronto,
una brisa de aire frio, te inunda, se te pone la piel de gallina. Una de
esas tardes en que no hay ni sol, ni lluvia, una de esas tardes de
Septiembre. De esas que están hechas para pensar y analizar.
De esos días que nunca quieres que lleguen, porque solo indican una cosa, despedidas, abrazos, llantos, no volverlas a ver en mucho tiempo, y si, el comienzo del invierno.
De esos días que nunca quieres que lleguen, porque solo indican una cosa, despedidas, abrazos, llantos, no volverlas a ver en mucho tiempo, y si, el comienzo del invierno.

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